El etiquetado de los alérgenos en la industria alimentaria es un tema muy importante para aquellas personas con celiaquía, con intolerancias alimentarias o alergias alimentarias. En Europa, el etiquetado de los alérgenos está regulado y en lo referente al gluten también existe una normativa que especifica en qué ocasiones un producto se puede considerar y etiquetar como «sin gluten». La invitada del episodio 69 de Onda Celicidad es una Tecnóloga de los Alimentos experta en legislación y etiquetado, pero además, hablaremos con ella sobre seguridad alimentaria. Sara Garrido es @Saralimenta en Instagram, una red en la que difunde consejos e información muy valiosa.

Las alergias alimentarias en niños afectan casi al 10% de la población, según el II Observatorio Mediterránea del Comedor Escolar publicado en 2020 tras analizar los 19.693 menús escolares que ofrece la empresa. Además, apuntan, tienen contabilizadas hasta 1.867 alergias diferentes. Estos datos, analizados año tras año, muestran un crecimiento del 3% con respecto al mismo documento de 2019. Aunque sin cifras oficiales, es una realidad que la enfermedad celiaca también está aumentando debido a que se realiza un mayor número de diagnósticos.

Las alergias alimentarias son un problema de salud pública que afecta a un número creciente de personas, que son consumidores vulnerables y que están amparados por la legislación europea actual, a la hora de hacer la compra en un supermercado, y también a la hora de acudir a un establecimiento de restauración. Este reglamento también tiene en su espíritu proteger a todo tipo de consumidores «vulnerables», como son, además de las personas alérgicas, las personas con celiaquía y con intolerancias alimentarias. «Sin embargo, creo que la actual normativa de etiquetado de alérgenos podría mejorar. Para empezar, solo son obligatorios 14 alérgenos y entre ellos no hay ni frutas ni verduras, cuando son una de las alergias más habituales. Por otro lado, este mismo reglamento no contempla trazas, sino que indicarlas es algo voluntario», afirma la experta en Legislación y Etiquetado, la tecnóloga de los alimentos, Sara Garrido en Onda Celicidad.

Es fundamental, explica, «que haya más educación en estos temas para la población, especialmente para la población vulnerable». Garrido pone el ejemplo de la cerveza de cebada etiquetada «sin gluten», «es realmente confuso que un producto que contiene un alérgeno que viene destacado en negrita, que las personas con celiaquía saben que no pueden consumir, esté etiquetado también con la expresión «sin gluten».

Y es que según la actual normativa en Europa, el Reglamento UE 828/2014, se puede incluir la mención «sin gluten» cuando el contenido de un producto es inferior a las 20 partes por millón de gluten (ppm): «No es algo arbitario, sino que debe haber su análisis pertinente para poder incluir esa mención. En la industria alimentaria somos muy cuidadosos con este tema y nos exponemos a importantes sanciones si no se hacen las cosas bien, así que no hay duda, si un producto está etiquetado con la mención «sin gluten», es sin gluten».

Ahora bien, la gran duda es el riesgo de trazas. «Desde luego en este aspecto la normativa es mejorable porque no obliga a declarar esas trazas, sino que deja la decisión a la empresa, así que muchas veces no sabemos cuando tenemos un producto delante si es que es libre de trazas o si tiene trazas y como es algo voluntario no se han incluido en la etiqueta», afirma.

La normativa que regula el etiquetado de alérgenos es el Reglamento UE 1169/2011 Sobre la información alimentaria facilitada al consumidor.

Etiquetado de alérgenos: nota AESAN

«Los alérgenos se han regulado en la UE desde 2005, pero la realidad es que en la producción de alimentos no puede evitarse la presencia no intencionada de alérgenos, lo que puede suponer un riesgo para las personas susceptibles. El etiquetado precautorio de alérgenos (EPA) se ha desarrollado como una herramienta esencial tanto para comunicar como para gestionar ese riesgo», apunta la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición en un documento publicado en 2016.

Desde AESAN, explican que el EPA «está perdiendo cada vez más credibilidad debido a varios factores, pero entre los más importantes está la ausencia de parámetros de referencia cuantitativos generalmente acordados para su aplicación y la consiguiente ausencia de normas armonizadas entre los Estados Miembros y en toda la industria, lo que conlleva a la falta de trasparencia y a la confusión entre los consumidores alérgicos».

Abogan a su vez por hacer del EPA una herramienta con los siguientes atributos:

  • Debe ser claro: una única declaración con un único significado, fácil de traducir a los distintos idiomas
  • No debe inducir a error
  • Debe basarse en datos científicos pertinentes
  • Los consumidores deben saber que los productos han sido sometidos a una evaluación de riesgos y que la presencia o ausencia del EPA es una consecuencia de la misma.

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Reglamento UE 1169/2011

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