La flora intestinal está compuesta por miles de millones de bacterias que se concentran en nuestro intestino, especialmente en el colon y que cumplen fundamentalmente dos funciones: función protectora y función metabólica. La flora intestinal de los celiacos, según investigaciones del CSIC, cuenta con una mayor concentración de bacterias potencialmente perjudiciales y una reducción de bacterias beneficiosas, por lo que cuidar nuestra flora intestinal es aún más importante.

 

En nuestro organismo viven millones de bacterias de distintas especies, pero la mayor concentración de las mismas está en nuestro intestino. La flora intestinal es tan importante, que en gran medida nuestro estado general de salud depende de su equilibrio. Y es que nuestra flora intestinal cumple principalmente dos funciones:

  • Metabólica: trabaja en la digestión y ayuda a la absorción de los nutrientes
  • Protectora: estas bacterias crean una especie de barrera que nos protege de bacterias dañinas que nos pueden ocasionar infecciones, y también nos protegen contra ciertos virus. Además contribuyen a un correcto funcionamiento de nuestro sistema inmunitario, es decir, nuestro mecanismo de defensa contra los agentes dañinos.

Así, una flora intestinal rica y equilibrada es fundamental para todos, pero los celiacos tenemos una flora intestinal diferente. Un estudio del CSIC, explica que los análisis «microbiológicos realizados demostraron que la microflora del intestino de los celíacos presenta una mayor concentración de bacterias potencialmente perjudiciales, y una reducción de bacterias beneficiosas». Esta situación es así, a pesar de llevar correctamente la dieta sin gluten.

frutas

Es decir, cuando llega el diagnóstico, evidentemente la flora intestinal y el intestino del celiaco se encuentran dañados, pero tiempo después con una dieta adecuada y sin transgresiones, las vellosidades se han recuperado pero según este estudio, la flora intestinal del celiaco seguirá teniendo más bacterias potencialmente perjudiciales que beneficiosas». Así lo explican desde el CSIC, “el restablecimiento de la composición de la microflora intestinal tras la dieta sin gluten tan sólo es parcial, lo que demuestra que las alteraciones microbiológicas no son sólo una consecuencia secundaria del proceso inflamatorio asociado a la fase activa de la enfermedad”. 

Además de tener una flora intestinal diferente por el hecho de ser celiacos, hay ciertas circunstancias que pueden conducir a una alteración de la flora intestinal, como los cuadros de estrés, dietas bajas en fibra con exceso de cafeína, azúcares y grasas, el consumo de alcohol y tabaco, las intolerancias alimentarias y el propio paso de los años, que hace que disminuya el número de bacterias en general.

 

Sensación de hinchazón, flatulencias, cambios en las horas de ir al baño, cólicos intestinales, etc, son algunos de los síntomas más habituales de un desequilibrio en nuestra flora intestinal. Para recuperarla existen ciertos alimentos naturales que nos ayudarán a equilibrar las colonias bacterianas del intestino. Por ejemplo es recomendable consumir hortalizas y frutas que nos aportarán, entre otras cosas, fibra; los yogures también son una buena opción ya que suelen contener microorganismos beneficiosos; prebióticos y probióticos, productos ricos en bacterias vivas que contribuirán al crecimiento de las bacterias de la flora intestinal.

La dieta sin gluten

La dieta sin gluten es el único tratamiento para una persona con celiaquía, y ésta tiene que ser estricta y de por vida, ya que es una enfermedad crónica. Eliminar el gluten de la dieta supone eliminar todos aquellos alimentos que contienen esta proteína (presente especialmente en trigo, cebada, centeno y sus derivados) y evitar también la contaminación cruzada que puede surgir a la hora de preparar alimentos.

«La dieta sin gluten debe estar basada en productos que de manera natural no llevan gluten»

Los especialistas siempre señalan que al llevar una dieta sin gluten, celiacos y sensibles al gluten necesitamos mantener una alimentación mucho más equilibrada porque el gluten está en todo tipo de alimentos, muchos de ellos con gran cantidad de nutrientes que al no poder ingerir, estamos dejando de recibir. Hay que tener en cuenta también, que tras el diagnóstico necesitaremos comer mejor y cuidarnos más para que nuestro organismo se recupere de los daños que el gluten haya podido causar.

Así que si una alimentación variada y equilibrada es fundamental para estar sano y llevar una vida saludable, esta idea cobra aún más importancia cuando hablamos de celiacos y sensibles al gluten. Pero tenemos una baza importantísima de nuestra parte: todos los productos naturales como son las verduras, huevos, lácteos, las frutas, las carnes, las legumbres, los pescados y los mariscos son libres de gluten por naturaleza y unos excelentes aliados para nuestra dieta. Recurrir a ellos como parte fundamental de nuestra alimentación es lo más recomendable para nuestra dieta sin gluten.

 


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