Tras diecisiete años de dieta, y después de haber derribado muchas barreras, me doy cuenta de que queda un reto fundamental, quizás el más importante, y es el de la información y la comunicación de la celiaquía. Porque la comunicación es imprescindible para concienciar a la sociedad y también a nuestro colectivo.

Más que un reto podemos hablar de una necesidad imperiosa. La única vía para que la sociedad sepa lo que es la celiaquía, es comunicarlo, explicarlo con detalle y desde las distintas perspectivas y ámbitos que afectan a la enfermedad y a los que la padecemos. Porque somos muchos, somos un mercado por explotar al que han estado dando siempre de lado, y quizás la única manera de llamar la atención de la sociedad, sea tirando de los números, del negocio.

Y todo esto se consigue unificando mensajes y criterios. Explicar lo que es la celiaquía, es fundamental, pero explicar las consecuencias de la celiaquía lo es todavía más, para que la gente que nos rodea sepa que es mejor si comes con un celiaco ir a un restaurante que tenga opciones para celiacos. Y ya no sólo en nuestro grupo de amigos, es una labor de concienciación que tiene que empezar en nosotros. Tenemos que acostumbrarnos a ir principalmente a aquellos sitios que nos tienen en cuenta, por dos cosas: la primera por nuestra tranquilidad y salud, y la segunda, para ayudarnos a todos. Acudiendo a los pequeños obradores y a los restaurantes con opciones para nosotros, agradecemos el esfuerzo que hacen y les confirmamos que además de ser un colectivo con un problema, también somos un mercado.

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En las fallas de Valencia, 2012.

Porque los celiacos no vamos solos a los restaurantes, que también. Somos personas que disfrutan de la comida como todo el mundo y que agradecemos muy mucho que nos entiendan y nos ofrezcan opciones, siempre y cuando sus precios no sean abusivos. Pero también nos toca entender la parte de un restaurante en el que han invertido mucho dinero y mucho esfuerzo en darnos este servicio. Por desgracia salimos más caros, y no podemos pedirle a nadie que nos regale su trabajo. Lo que sí podemos hacer es unirnos para pedir al Gobierno que nos ayude, porque es el único tratamiento efectivo a día de hoy, la dieta exenta de gluten.

En muchas ocasiones he escuchado quejas y “denuncias” de celiacos que dejan de ir a un establecimiento porque el pan es más caro que el pan con gluten. Desde mi punto de vista tiene que haber diferencia, es una pena que la haya, pero tiene que haberla porque si perdiesen dinero por darnos servicio a nosotros acabarían por dejar de dárnoslo. Es así de sencillo y de injusto, evidentemente, pero vuelvo a reiterar que de eso no tienen la culpa los panaderos, ni los pasteleros ni los restaurantes (salvo excepciones disparatadas que no tienen ningún tipo de justificación). Dentro de las posibilidades de cada uno, tenemos que apoyar a todos aquellos profesionales que nos hacen la vida más fácil, porque si no lo hacemos dejarán de hacerlo. Y tenemos que seguir reclamando a la Administración la ayuda que sí es justa y que sí merecemos,  que el 1% de la población española es celiaca y que se nos tiene que ayudar con nuestro tratamiento.

Pero solos no podemos, comunicar nuestra problemática a toda la sociedad y concienciar a todos los celiacos para que sean responsables con su enfermedad es una tarea complicada, que llevará mucho tiempo, pero que poco a poco irá saliendo adelante y será bueno para nosotros y para los que vengan detrás.

 

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