Cangas del Narcea es un verde concejo del suroccidente asturiano con una población de más de 16.000 habitantes que tiene, entre otras, la peculiaridad de ser el lugar de España donde más celiacos hay, un 3%, alcanzando así el triple de la media nacional, que se sitúa en un 1%.

Los motivos por los que se dispara esta cifra no se han esclarecido aún, aunque teniendo en cuenta que se necesita de una predisposición genética, no hay que ser Premio Nobel para llegar a la conclusión de que en el pasado debió haber por ahí algunas familias de celiacos que no tenían problemas en emparentar con sus propios primos…y al final todo quedó en casa.

El caso es que yo nací allí y viví allí hasta que me vine a Madrid a estudiar Periodismo con 18 años. Cuando me lo diagnosticaron, hace 17, era una niña delgadita, débil, con frecuentes cambios de humor, pequeñita y con la tripa hinchada. Y que además, como dice mi madre, también celiaca, me había criado a base de bocadillos de nocilla y filetes con patatas, porque odiaba comer.

El diagnóstico fue un mazazo para mi madre que de repente no sabía qué darle de comer a su hija. Yo lo llevé bastante mejor… el primer día. Por aquella la información existente era más bien escasa y lo primero que hicimos fue contactar con ACEPA, la Asociación de Celiacos del Principado de Asturias, perteneciente a FACE. Allí nos dieron unas directrices básicas que fueron de gran ayuda y nos pusieron en contacto con otros celiacos de la zona. Pronto descubrimos que el gluten estaba en todas partes, y en ese momento me sumé al drama de mi madre. Han pasado 17 años y el tema ha cambiado por completo. Ahora vivo en Madrid, donde es mucho más fácil encontrar productos y comer fuera de casa, pero el cambio es aún más grande cuando vuelvo a casa. Cada vez que regreso sumo algún celiaco más a la lista de conocidos, y algún establecimiento más en el que se nos tiene en cuenta.

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En Cangas se encuentra el Bosque de Muniellos, Reserva de la Biosfera. Un lugar espectacular.

Y es que precisamente gracias a esta cifra Cangas se ha convertido en un rincón privilegiado de la geografía española para aquellos que tenemos que tener una dieta exenta de gluten. Entre las verdes montañas canguesas, en el valle, podemos encontrar todo tipo de productos de gran calidad, desde los embutidos de Santa Eulalia, hasta los panes y dulces que hacen en Isacel, la única panadería asturiana con pan fresco a diario.

Salir a cenar o a tapear no es un problema porque en casi todos los establecimientos tienen algo para nosotros como mínimo. Y quizás lo mejor de todo es que no tienes nada que explicar. Es como estar en el bar de toda la vida y que te pongan tu consumición habitual, pero aquí todos los bares y restaurantes son los de toda la vida. Sólo tienes que decir que eres celiaco y te explican lo que puedes y lo que no. Algunos realmente destacan. Es el caso del Bar La Ruta.

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Arroz con bogavante del Bar La Ruta.

Es un lugar de comida tradicional, donde sirven exquisitos arroces, pescados frescos, mariscos, carnes… Todo muy cuidado y delicioso. Toda la carta está adaptada, y hasta preparan rebozados aptos. Las rabas que me comí en Navidad estaban deliciosas y el arroz con leche que comí después del arroz con bogavante ni os cuento. 100% recomendable.

En Casa Perico, en la localidad de la Regla, también se merecen un 10. Lo descubrí hace años cuando un amigo me dijo que tenían cachopos sin gluten. ¿¿Cachopos sin gluten en un restaurante?? No daba crédito, y eso que cachopo como en casa cuando quiero, pero para mí, y sé que me entendéis, poder ir de cena con mis amigos y pedirme un cachopo sin gluten o unas berenjenas rellenas o incluso poder compartir platos con mis amigos es un auténtico lujo. Y en Casa Perico ocurre, y de los postres ni hablamos…

Otra de las grandes alegrías de mi vida llegó de mano de una bocatería situada en el centro de la villa. Puedes ir por la tarde a tomarte unas patatas, un café, una pizza para cenar… Pero vaya, que era territorio prohibido para nosotros. Hace unos años de la que pasaba por delante vi en grande un cartel que decía: Tenemos pizzas y bocadillos sin gluten. Casi me caigo redonda. Esa noche pedí pizza a domicilio, por supuesto, y el bocadillo llegó a los dos días. Y es que esta bocatería, El Forno de Manolo, es parada obligatoria cuando el sábado, tras una noche de fiesta, te retiras a casa a una hora en la que ya brilla el sol… Normalmente pasaba de largo, pero ya no, y aunque no tenga hambre me pido un bocata de pollo con mayonesa sólo por la satisfacción de poder comérmelo. Así de fácil es hacerme feliz.

Pero la lista no se queda aquí. El Bar Suiss y la Sidrería Suiss, con una parrilla espectacular, también ofrecen comida adaptada y una sidra fresca buenísima. También en el famoso Restaurante Blanco (uno de los mejores restaurantes de Asturias)  tienen platos para nosotros, como en Casa El Río y en la Sidrería Narcea. En el Hotel Marroncín, en las Mestas, en el Bar Moreno, en el Parador de Corias y en el Hotel L’Anceo en Cibuyo también se acuerdan de nosotros.

Así que ya no hay excusa para que un celiaco no pueda disfrutar de la auténtica gastronomía asturiana, y si aún no conocéis esta zona de Asturias tenéis ya una razón más para pasaros. Pero hay muuuuchas más.