Celiaquía y obesidad podrían estar relacionadas según algunos estudios, que además aconsejan a los celiacos recurrir a ciertos alimentos que ayuden a producir en mayor grado una hormona relacionada con la vesícula, la motilidad intestinal y por último la sensación de saciedad.

Celiaquía y obesidad, tal y como explican en la web www.nutricion.org, podrían ser causa y consecuencia. Los expertos de esta web señalan que en ocasiones la dieta sin gluten estricta no es del todo eficaz para una persona celiaca, y no es que con ella no se produzca una mejoría, sino que para que esta sea total, nutricionistas y endocrinos aconsejan introducir en la dieta una serie de alimentos para contribuir a estimular la producción de una hormona denominada colecistoquinina (CCK, a partir de ahora).

Y es que los especialistas señalan que una de las afecciones habituales de la celiaquía está relacionada con la vesícula biliar. La atrofia de las vellosidades del intestino de los celiacos conlleva una alteración en la producción de la hormona CCK, lo que hace que la vesícula es menos sensible a esta hormona. Esta disminución de la sensibilidad se traduce en una disminución de la motilidad intestinal, es decir, de la acción fisiológica encargada de llevar la comida desde la boca hasta el ano, provocando de paso que disminuya también la sensación de saciedad. De ahí podemos comprender la relación entre celiaquía y obesidad. 

“La enfermedad celiaca puede provocar problemas en la vesícula que contribuirían  a disminuir la sensación de saciedad y a la larga podrían dar lugar a sobrepeso u obesidad”

La dieta sin gluten estricta y la posterior recuperación de las vellosidades intestinales, hace que los niveles de esta hormona, CCK, se recuperen, pero lo que no acaba de recuperarse son los receptores de esta hormona en la vesícula o en el hígado. De esto se desprende que los pacientes celiacos son más propensos de desarrollar por un lado piedras en la vesícula pero también obesidad a largo plazo debido a esta disminución de la sensación de saciedad, que les obliga a comer mayores cantidades para sentirse satisfechos, y también a la reducción de la motilidad del intestino. Celiaquía y obesidad podrían ser por tanto casi incompatibles antes del diagnóstico, sin embargo con la dieta sin gluten podría llegar la obesidad. 

A ello hay que sumar que muchos productos sin gluten industriales tienen un alto contenido en azúcares, grasas, etc, que por sí son muy habituales y abundantes en una dieta, contribuirán a la aparición de otras enfermedades como la hipertensión, la diabetes, el sobrepeso y la obesidad. En las mujeres también es importante tener en cuenta que la celiaquía y el hipotiroidismo autoinmune son dos enfermedades relacionadas, y en este caso esta última enfermedad provoca que todo nuestro organismo se ralentice, incluido el metabolismo, con lo que existe una mayor tendencia a coger peso. De nuevo aparece una relación entre celiaquía y obesidad.

celiaquía y obesidad

Según algunos expertos, el tratamiento de la persona celiaca no debería limitarse a la eliminación del gluten en la dieta. Cada vez son más los endocrinos y nutricionistas que abogan por el uso de suplementos vitamínicos (en concreto de vitaminas liposolubles) en este tipo de pacientes para mejorar su funcionalidad biliar.

Alimentos como las endibias, la achicoria, la alcachofa, el cardo, la cúrcuma, el romero, etc, ayudan al organismo a facilitar la función de la vesícula y todo lo que ello conlleva.

Seis millones de adultos obesos

En España actualmente la cifra de obesos adultos supera los seis millones y la incidencia de este problema en la población infantil es descorazonadora, leemos en Knowi. Según explican desde el Servicio de Endocrinología de los hospitales HM Universitario Montepríncipe y HM Universitario Torrelodones,  el 28,3% de los niños de entre 3 y 12 años sufre exceso de peso. “Esta tendencia se puede revertir educando en hábitos de vida saludables”, explica la Dra. Pilar García jefa del servicio.

Estos buenos hábitos consisten en llevar una alimentación sana, hacer ejercicio físico de forma regular y realizar actividades al aire libre. La especialista dio las pautas para llevar un estilo de vida saludable en la Escuela de Salud de HM Universitario Torrelodones.

Nuestra salud depende en buena medida de la alimentación que llevemos a lo largo de nuestra vida. De hecho, “una alimentación incorrecta contribuye a la aparición de enfermedades cardiovasculares, obesidad, diabetes, etc., incluso favorece la aparición de algunos tumores”, explica la Dra. García Durruti.

Una dieta sana es aquella formada por alimentos que aportan una cantidad adecuada de todos y cada uno de los nutrientes que necesitamos para tener una salud óptima. Es decir, debe ser variada, ya que no existe ningún alimento que tenga todos los nutrientes en la cantidad necesaria. Y sobre todo, debe contener productos frescos y de temporada. “No hay que fiarse de las dietas que prescinden de algún alimento a no ser que sea por prescripción médica” como es el caso de la dieta sin gluten para celiacos y sensibles al gluten,  señala la experta, e insiste en que “hay que huir de los alimentos preparados, porque proceden de una cadena alimenticia larga, con mayor manipulación y tienen mayor cantidad de sal e incorporan aditivos”.

 


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